07 May

Carta a un joven o una joven con dislexia (primera carta)

Vivir con dislexia genera muchas incógnitas personales sobre nuestra capacidad, sobre nuestro potencial. Como terapeuta que vive con dislexia estoy muy conciente de estos retos, y con esta carta busco guiar a jóvenes que recién entienden su condición y buscan superarse.

Quizá acabas de aprender que tienes dislexia, o ya los sabías, ya te hicieron los estudios en tu niñez, y es ahora que comienzas a comprender cómo el diagnóstico da luz a tus frustraciones más profundas respecto al aprendizaje. Te escribo esta carta un poco queriendo regresar en el tiempo a un versión mía más joven, para compartir algunos insghts que me ahorrarían mucha confusión, dolor, y oportunida pérdidas. No existen máquinas de tiempo, pero si el compartir experiencias.

Se que el aprender con otros te ha enfrentado. Tal vez ahora eres lo suficientemente hábil para esconder tus retos al escribir quizá en aprender, que muchos no sospechan que tienes dificultad. Quizá ya escuchaste tanto en el pasado sobre cómo tu flojera es lo que no te pe

rmite alcanzar tu potencial, de que te lo empezaste a creer. El escuchar sobre la dislexia ha sido iluminador, de permite conciliar como puedes ser tan inteligente para muchas cosas, pero para otras quedas muy detrás de otros. Te da tranquilidad saber que eres inteligente, pero que vives con retos. Es en este momento en donde comienzas un viaje para entender y darle sentido a todo esto que te ha causado confusión, vergüenza, que quizá te causó conflictos con tus padres y maestros, y de miedos profundos cuando aprendes junto con otros y puedes verte expuesto. Quizá ahora investigas esto que explica tanto momentos de tu vida y que se resume con la palabra dislexia, o como se le llama ahora, trastorno específico de aprendizaje.

En mi búsqueda, estudié psicología, fui a un posgrado en donde me especializaba en psicología cognitiva, todo esto un momento de gran explosión en técnicas sin precedentes para estudiar el funcionamiento de nuestro sistema nervioso. Con todo esto uno pensaría que tendría respuestas claras sobre tratamientos, sobre la evolución del trastorno, sobre estrategias para superar la dislexia. Aprendí mucho, pero poco ayudó.

Si quieres aprender sobre toda esta información, enhorabuena, no estoy diciendo que fue perdida de tiempo, pero después de tanto estudio, de trabajo como educador y terapeuta, me doy cuenta cada vez más que nuestras dificultades no están en nuestro sistema nervioso (aunque evidentemente existen diferencias en nuestra arquitectura neurológica). Mucho de nuestro dolor, muchas de nuestras frustraciones, mucha de nuestra confusión, está en tener una visión muy limitada de la inteligencia humana.

Me convencí, mis maestros se convencieron, en un momento mis padres, que si no leia bien, que si no me aprendía las tablas de multiplicar (que aun no me aprendo bien, y sin embargo estudié la mitad de la carrera en física sin problema), que si no leía de una manera particular, entonces no llegaría muy lejos en mis estudios. En México despectivamente llamamos a la gente que no puede aprender como “burros”.

Pase tanto tiempo demostrandome que no soy burro, y queriendo convencer a otros que no soy burro. Tomé muchas decisiones queriendo demostrar que era inteligente, y no siguiendo un camino en donde considerará mis habilidades y pasiones. Así es que en mi búsqueda de respuestas, vague y vague, y como relato Budista, la respuesta estaba enfrente de mi. La aceptación. Me ha costado tanto trabajo aceptar no solo mis retos, y en aceptar que la sociedad tiene una visión tan reducida de la inteligencia en general.

La aceptación es un proceso continuo, aun tengo momentos que me cuesta mucho trabajo aceptar que el reporte me tomará una semana más, que tengo que anotar TODO porque lo voy a olvidar, y que puedo ser muy inteligente aun cuando para tantas cosas puedo ser tan torpe. El encontrar la aceptación me ha permitido poner en otra óptica lo que he aprendido sobre dislexia. Para empezar no me creo fácilmente promesas milagrosas de productos de lectura rápida o píldoras para recordar mejor. Ya sin el anhelo por arreglarme, veo más claro que para mis deficiencias necesito de apoyo, necesito de bajarle dos o tres rayas a mi orgullo y que esto no disminuye mi inteligencia.

Así es que en esta carta te quiero decir aceptes tus limitaciones y a la par, que aceptes tus fortalezas y habilidades. Esto te permitirá asumir la responsabilidad de tu proceso de crecimiento y aprendizaje. Para mi, llegar al punto en donde como profesor de universidad puede compartir mi experiencia como disléxico con mis alumnos fue quitarme una montaña de encima. No todo mundo recibe bien quien eres, pero ya no camine por la vida escondiendo las orejas de burro es liberador. Aceptar mis habilidades y limitaciones me ha permitido tomar decisiones correctas y no comprometerte a cosas que no puedo cumplir.

Hubo un tiempo en mi vida en donde lo peor que hubiera podido pensar de mí es “soy burro”, ya sea por un sentimiento de inseguridad o porque alguien se burló de mí, o me hiso menos. Ahora se que si SOY BURRO, no por mis limitaciones, sino porque los burros son nobles, trabajadores, persistentes, y en su propia manera son inteligentes. También han sido maltratados y poco entendidos.

Así es que en tu búsqueda por respuestas, te recomiendo que te alejes lo más posible de intentar arreglar tu mente. Supérate, pero no te arregles, que no estás descompuesto. El superarte implica aceptarte tal como eres, lo cual incluye tanto tus momentos de torpeza como tus momentos brillantes.

2 pensamientos en “Carta a un joven o una joven con dislexia (primera carta)

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