08 Oct

Primer aniversario

Hace un poco más de un año empecé este experimento llamado Heterolexia. Fue un buen aprovechar de mi crisis de los 40, viendo mi vida, viendo muchas decisiones, principalmente en tomar el camino de educador y terapeuta, quise ver si existe algo más con lo que pudiera contribuir. Contemplé seriamente diferentes épocas de vivir mi dislexia, y como me ha llevado por un gran viaje, a veces lleno de frustraciones y fracasos, otros de logros inimaginables y aventuras que han aportado a mi crecimiento. Supongo que así es la vida para todos, cada quien vive sus retos y aprende de ellos.
En este viaje mis dificultades y habilidades me llevaron a preguntarme cómo es que aprendemos y qué nos motiva aprender. Esto me encaminó a estudiar psicología, y por muchos años estudié teorías contemporáneas de aprendizaje. Me ayudó a conocer que estaba “mal” en mi, explicando mis dificultades en decodificar texto, en comprensión, en limitaciones en memoria de trabajo. Entre más conocía menos comprendía. Al comenzar a estudiar pedagogía crítica, disability studies, y Lev Vigostky comprendí que un cerebro diferente no es anormal, no es menos, es simplemente diferente. Comprendí que una persona con dislexia y otras condiciones catalogadas como “discapacidades” reflejan más la incapacidad de los sistemas educativos a ser flexibles o atender los intereses y necesidades de sus alumnos, que debilidades cognitivas individuales. Existen diferencias biológicas, si, pero la discapacidad la crea la sociedad.


Al estudiar, vi mucha teoría sobre las causas de la dislexia y tratamientos, pero vi poco sobre cómo vivimos la dislexia. A lo mucho se habla de baja autoestima, lo cual no es decir mucho. En mi formación como psicólogo, la autoestima se sitúa en una percepción errónea que subevalúa nuestra capacidad. Ahora comprendo que entornos educativos estigmatizantes y una visión muy reducida de la inteligencia humana crean experiencias en donde es difícil no esperar que las personas piensen menos de sí mismas.
Me lamenté por encontrar sólo algunos ejemplos personales de vivir con dislexia con los que me podía identificar en español, cuando existen varios en inglés. “¿Porque no tenemos esto en español?” Me pregunté. Dándome cuenta que la única manera de dar respuesta a esta frustración era ofreciendo mi propio testimonio. También me lamenté de no encontrar organizaciones que crearán más conciencia sobre la neurodiversidad en lo que se refiere a dislexia en mi ciudad y en México.
Mi tema de tesis de maestría se convertiría en este compartir. La dislexia no en el típico modelo clínico, sino algo más cercano a un modelo social. Pero sentía que una tesis acumulando polvo en alguna repisa no sería suficiente. Animado por escuchar podcast y leer blogs pensé que quizá este sería el camino. Pero el temor y la inseguridad me detenían, algo muy recurrente en mi vida cuando se trata de compartir algo escrito. Llegue a platicar con Valerie, una de mis mejores amigas, sobre si debería emprender este blog y este trabajo, y me animó diciendo, “Prueba por un año y si nada surge, por lo menos lo intentaste”. Fue lo que hice. No me arrepiento. Así fue como me animé a ofrecer talleres a escuelas con educadores, este años lo recibieron 60 educadoras y educadoras de tres escuelas. La página sería un apoyo a los talleres, pero terminó siendo la puerta para conocer a una serie de personas extraordinarias tanto a mi alrededor como en el resto del mundo de habla hispana.
Gracias al apoyo de mi esposa Mariana y a mis hijos, en donde he pasado horas escapandome durante nuestro tiempo familiar para darle forma a esta página y a los talleres. Mi amiga Gayle Weintraub en Nueva York fue una guía constante y me dio ánimos para soñar en grande y arriesgarme.
Así es como he sostenido el proyecto de heterolexia, en esas horas después que se duermen los hijos, en ese rato en el fin de semana, en las conversaciones con miembros de la comunidad dislexica en línea, entre las ideas de entradas que anoto en mi libreta mientras manejo, en el sentir que estoy ayudando a otros a descubrir su potencial en la dislexia.
Desde un inicio he querido expresar una voz honesta a mi experiencia, resistiendo el confort de esconderme en lenguaje técnico y expertise “científico”. Tenía mucho temor, de ser juzgado, de recibir un eco vacío, preguntando si lo que he escrito me deja expuesto y vulnerable, e incierto al presionar el botón de publicar. Gracias lo que he compartido todo este año he conocido a gente extraordinaria quien ha valorado mis comentarios, y yo el escuchar sus historias.
Con este proyecto familiares y amigos se han acercado a compartir sus propias experiencias de dislexia. Me dio ánimos Elisheva Schwartz, una activista y profesional de la dislexia de EEUU, que con su podcast Dyslexia Quest se tomó tiempo en responder preguntas y dar ánimos para lanzar este proyecto. He conocido a un grupo extraordinario de personas que construyen comunidad por medio de redes sociales entre ellos Ángela Velasco de Colombia quien creo Dislexia en Adultos, a Anabel Rosas y otra colaboradora quienes crearon Dislexia en México, y con quien ahora tengo el privilegio de colaborar, hice una amistad muy especial en Argentina con Corina y su hija quien recién fue diagnosticada, pude conocer a la Dra. Acle Tomasini quien ha dedicado toda una vida para crear opciones educativas a quienes tienen dificultades en el aprendizaje, me he enterado de los esfuerzos incansables de las asociaciones de padres en España y Argentina, y he descubierto la gran cantidad de recursos y apoyos que existen en el internet. En fin, he sido bendecido y privilegiado.
A mis lectores, espero seguir creciendo junto con ustedes este próximo año y muchos después de este.

¡Gracias!

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