09 Sep

Perdone usted, no hay nada bajo de mi estima

Por muchos años, y a medida que aprendí a esconder mis dificultades con mayor dificultad, no era infrecuente escuchar a una persona bien intencionada cuestionar si mis dificultades no tenían que ver con la autoestima. Me tomó mucho tiempo poder contestarme esto. Desde joven hasta hace algunos años les creía. Pensaba que era yo. A medida que fue aprendiendo sobre visiones alternativas en la psicología (como la psicología critica, la psicología de la liberación o la terapia social) fui comprendiendo que la historia es más complicada.

Ahora, sin duda lo que se llama baja autoestima, lo “padecí” por años, esto es, dudar de mis capacidades, creer que mis errores y dificultades reflejan mi nivel de inteligencia, la constante comparación con otros que veía como más capaces, y toda una seria de situaciones en donde quedaba claro que no confiaba mucho en mis capacidades. Fue un largo camino superar esto, lo cual incluyó apoyo emocional en terapia y en el reconocimiento de mis capacidades.

Sin embargo ahora veo el concepto de la autoestima como una pseudoexplicación. Es algo muy circular. La explicación va algo así, ¿por qué desconfías de tu habilidad? porque tienes baja autoestima, y ¿por qué tienes baja autoestima? por que no confías en ti. Esto es más a nivel psicología pop, aunque no estoy seguro que tan más avanzado esta el concepto académico. La respuesta se convierte en que uno simplemente deje de creer en que tienen falta de habilidad, en reconocer las fortalezas, es un ejercicio mental para cambiar la percepción de uno mismo. Suena lógico, pero si escarbamos un poco no tiene tanto sentido.

Ahora si alguien me llega a indicar, con buenas intenciones, “No será que tienes la autoestima baja”, contestaría, “Se estimar muy bien mi habilidad, entiendo muy bien mis limitaciones y mis fortalezas. Así es que disculpa, pero me estimo bien, la sociedad, el mundo académico es quien nunca supo estimarme tal como soy, de acuerdo a mi forma de aprender. Pues claro, eso te deja heridas, dudas, inseguridades. Pero aun así reconozco que tengo que realizar cosas que se me dificultan, que me estresan, que me frustran, que no podré hacer por mi cuenta y que sin embargo encontrare la manera de hacer, o admitiré cuando no. ¡Así es que me estimo muy bien gracias!”

La educación básica no solo nos enseña a leer, a escribir, matemáticas y todas las demás competencias académicas esenciales, también nos enseña una manera de valorarnos, de compararnos, sabemos que existen buenos y malos alumnos, y dadas nuestras características, nos entendemos y otros nos verán como malos alumnos, como poco inteligentes. Por mi parte, soy malísimo para aprender términos, nombres, recordar fechas, luego con mis dificultades lectoras, los exámenes son fatales para mi, y aunque tengo conocimiento, aunque he aprendido algo muy bien pero diferente a otros, ya mi inteligencia no cuenta. ¿Entonces quien estima mal? ¿Nosotros? ¿Los criterios académicos? ¿Qué no, el culparnos a nosotros por algo que provoco un sistema educativo que no esta preparado para recibir a la diversidad en formas de aprendizaje, es culpar a la victima?

El vivir en una sociedad que crónicamente nos recuerda de nuestras dificultades ¿qué alternativa tenemos a examinar nuestra situación como si se tratara de baja autoestima? Para mi la respuesta ha sido estimarme bien, en el sentido de ir aprendiendo a reconocer las situaciones que son imposibles para mi, en las que necesito apoyo de otros, en la que tengo que tener cuidado, y en las que soy excepcional. Al reconocer y aceptarse tal cual es uno, y al no ver como malo el necesitar apoyo, podemos aprender a cuidarnos.

Si tenemos que hacer algo que se nos dificulta mucho, leer un libro, hacer un reporte, realizar un examen, llenar un formato, algo en donde no podremos contar con adaptaciones, es aprendernos a cuidar y a respetarnos ante el enfrentarse a una situación difícil en términos tanto cognitivos como emocionales.

En mi vida, esto puede ser complicado. Cuando tengo una actividad difícil, comienzo a procrastinar, comienzo a vivir la actividad con mucha ansiedad, a veces con culpa. En este punto es en donde es esencial cuidarme tal cual se haría con cualquier persona cuando enfrenta una situación sumamente difícil. Se busca apoyo, se busca guía, se le trata con respeto, se le anima, se le da espacio para avanzar lento pero seguro, no se le juzga, se les consiente y apapacha. Fácilmente caigo a patrones de sentir culpa y enojo, en compararme con otros, en sentirme chico. Cada vez tomo más habilidad para recordame que esta reacción es más un reflejo de mis patrones aprendidos de miedo al fracaso, y que los miedos se respetan cuidándose. Esto es estimarse bien. Así es que, “Perdone usted, mi estima no es baja, mi estima es clara y esta situación me enfrenta, así es que con su permiso, me tengo que cuidar, y si gusta apoyar sin juzgar, mucho mejor”.

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