02 Jul

Una herida es un portal

Comienzo este post sin saber cómo terminará. Sé que lo que pueda compartir si es sincero y verdadero impactara a más de una o uno. Ya tengo mucho sin compartirles, y en otros post he comentado que esta situación no me resulta fácil. Cuando no logro mantenerme consistente, como el no escribir en semanas, y no se diga en meses, saco el latiguito diría mi amiga Marta, y rara vez funciona. Menos en este periodo.

La última compartí que pasaba por un momento duro en mi vida, una separación de un matrimonio de 12 años, duelos, muchos cambios y muchas dudas de crisis de los 40. Cuando lo escribí pensé que pronto lo superaría, y meses después, después de terapia, de conversaciones invaluables con amigos y amigas, de mucho apoyo, y mucho crecimiento y aprendizaje, me siento listo para compartirles algunos descubrimientos de este largo proceso.

Podría compartir muchas cosas, pero en este espacio deseo compartir temas relacionado a vivir con la dislexia. Lo cual puede parecer difícil de vincular, ¿cómo puede estar vinculado los cambios de vida, y el terminar de una relación, con la dislexia?

Pues no pretendo darles toda la claridad, pero algo importante emerge. Aún como psicólogo y terapeuta no alcanzaba a dimensionar el poder de sentir rechazo de niño en el tipo de apego como adulto, de cómo he procesado el sentimiento de rechazo. Tengan por seguro que he tenido grandes padres, que me apoyaron y que soy quién soy en todos los sentidos gracias a ellos. Sin embargo, antes que me detectaran la dislexia, en un intento por que fuera mejor estudiante, me presionaron por medio de culpa y comparaciones, usando las artimañas que utilizan padres desesperados (inclusive si soy honesto ahora como padre creo que las he utilizado, algo que trabajo activamente para detectar y cambiar con mis hijos). También me dieron una vida cómoda, una infancia feliz, sin embargo, con mi sensibilidad y mi personalidad, no se que exactamente, me ha tomado años superar mis reacciones intensas ante sentir rechazo, a sentir que no soy suficiente. No importa cuánto pasen los años, me sigue sorprendiendo cómo esta antigua herida me sigue acompañando en situaciones en donde menos las espero.

He cargado por años con la narrativa que me cuenta que el no ser lo suficientemente inteligente, capaz, carismático, el no tener gran habilidad para terminar trabajos escritos, el no ser verbalmente sagaz, siempre en comparación a otros, explica todo tipo de rechazos y limites en mi vida. El motivo de este blog es en gran parte hablar sobre este vacío que noto cuando se habla de la dislexia y de otras condiciones de neurodiversidad, un enfoque abundante en lo cognitivo y una escasez en lo emocional. Tuve para los estándares de México una niñez y juventud privilegiada, y padres que me apoyaron, y aun así no escapé de sentir que decepcionaba a mis padres al no tener calificaciones decentes cuando “lo único que tienes que hacer es estudiar”. Entiendo que soy una persona sensible, y que mi familia le da mucho peso a lo académico. Mas solo puedo imaginar el profundo dolor para personas que vivieron un rechazo total. En terapia escucho historias en donde padres juzgaron duramente y con agresividad a hijos que consideraban “burros” en comparación a otros hermanos. A personas que en términos nada ambiguos se les hizo sentir subhumanos por no tener logros académicos. Se que existen reacciones diversas ante el impacto de estas experiencias de rechazo, para algunos, impulsó su resilencia para demostrar lo equivocado de esta narrativa, para otros los ha sumado en la depresión y en una duda total de su ser, la mayoría es una combinación extraña entre estos dos polos. También sospecho esto que hablo, puede vincularse los estudios que establecen un vinculo entre dislexia y depresión clínica, y en gente de varias edades.

Cuando vivo una situación de trabajo o estudio, en donde tengo que escribir o que requieren de mucha estructura, se el camino, lo ubico bien. Se que tendré momentos de inseguridad, momentos de sentir ansiedad, de la importancia de trabajar a mi ritmo, de tomar pausas, de saber que será inevitable que me compare y pronto dar alto a esta forma hiriente de pensarme, etc… Lo que no me esperaba era el nivel de profundo dolor de sentir que no fui suficiente para mi pareja, de sentirme comparado, que se termino el amor por que soy menos que, no suficiente, de sentir que tenia que ir más allá de mi habilidad, tendría que ser más inteligente, más seguro, más simpático, para no evitar su rechazo. Luego que esto impactara como piezas de dominó en cada elemento de mi identidad, viendo desesperadamente como esta se venia abajo… Descuiden que ya estoy en un mejor momento, pero más sobre esto al rato. Sin embargo, el viejo miedo en disfraz nuevo llega a sacudirme de nuevo. No digo que mi dislexia sea responsable por todos estos eventos, mas estas heridas han facilitado en parte que gravite a estas narrativas hirientes y discapacitantes.

Como terapeuta sé que los terremotos existenciales son oportunidad para recrearse, para encontrar nuevas avenidas de crecimiento, desarrollar fuerzas que no sabíamos qué teníamos, de crear nuevos vínculos sanadores. Saberlo no lo hace más fácil. En esto he estado casi un año. He vivido mucho amor, mucho apoyo, mucho cariño, lo he también buscado y construido, lo he dado. He tenido que confrontar una vez más este miedo, con la certeza que más que un enemigo mortal, es un tipo de troll travieso que me recuerda que afirmarme “ya me resolví completamente” es una ilusión. Me recuerda que el trabajo de respetarse y valorarse también es un trabajo de autocuidado, de nutrirse, de ejercitarse, y que habrá lapsos en dónde regresaré a las viejas costumbres, pero me tomará menos tiempo tomar un mejor rumbo. Este proceso me ha colocado en un camino en donde construyo una nueva narrativa, las relaciones son in-permanentes, la vida nos acerca a personas con quien decidimos crecer juntos hasta donde nos es posible, y hay momentos que, aunque sea doloroso, hay que buscar fortalecer, hablar, aclarar y en otros ocasiones partir. Y que, si siento rechazo, seguramente existe una oportunidad para mí de crecer y entenderme, más que para reaccionar y sentirme amenazado o sentir que soy menos.

Actualmente ofrezco un taller cada semana a madres y algunos padres que tienen hijos neurodiversos, la mayoría con dificultades en el lenguaje. Me queda claro que estas familias enfrentan un reto muy duro, tener que averiguar cómo enseñarles a sus hijos desde muy temprana edad, cómo manejar el rechazo. ¿Cómo ayudar a una niña comprender el sin sentido de que sus compañeros, inclusive alguna amiga, se burle por su forma de hablar o leer? ¿Cómo explicarle a un niño por que se le juzga menos inteligente y menos capaz no trabajar al nivel de los demás? ¿Cómo ayudar a padres que aman a sus hijos manejar la frustración de creerlos perezosos cuando en realidad trabajan con mayor esfuerzo que sus pares para avanzar solo una fracción? ¿Cómo no esperar que esto va a dejar secuelas emocionales? Y no solo en el trabajo académico, sino en las bases de la identidad misma, inclusive no me queda claro que aun con las mejores atenciones se deje de dañar, por lo menos no hasta que cambie la actitud de la sociedad con respecto a lo que es aprender, y ver a la inteligencia humana más allá de las competencias académicas básicas. Este trabajo me hace reconocer a aquel niño que fui, y que sufrió, y que no sabia cómo expresar su dolor, y que no tenia manera de aprender a valorar sus virtudes.

Tengo temor compartir esto, pensando que soy el único. Me llegó la imagen que estamos en un café, y después de platicarte todo esto, te pregunto “¿a poco no te ha pasado?” y después de un silencio incomodo concluyo, “a, esto solo me pasa a mi”. Sin embargo, se que en este blog al ofrecer un post más personal conectan profundamente, y que compartirte esto te puede resonar o apoyar en tu propio proceso.

Tomé prestado para el titulo de este post la letra de la canción de (Me llamo) Sebastián, El Valor. Esta joya musical ha sido fiel acompañante durante estos meses. Declara triunfalmente en la letra algo que ya entiendo cómo verdad el “valor vendrá desde el mismo lugar que el miedo”. Como ya lo he dicho antes, el vivir con dislexia no nos provoca baja autoestima, me recuerdo y te recuerdo en letras de Sebastian que “una herida es un portal”, y la vida nos dio una herida que nos ha costado sanar, y de aquí surge mucha de nuestra fortaleza, no solo en lo académico, sino en la totalidad de nuestra existencia.

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