15 Abr

Matemáticas: una historia de amor y odio

Del amor al odio hay un solo paso, dice el dicho… y que tal del amor al odio hay solo una ecuación.

De niño odiaba las matemáticas, totalmente y absolutamente. En mis años de primaria eran agotadoras, confusas, nunca pude memorizar las tablas de multiplicar (aún no), y en general no les encontraba sentido. Pero sobretodo, las matemáticas me hacían sentir profundamente tonto. 

Cómo saber de niño que la memorización mecánica de algoritmos no son la matemáticas de verdad, o por lo menos, no son la parte más interesante de las matemáticas. 

Eso sí, me encantaban los cohetes. Me fascinaba la carrera espacial, las misiones espaciales de la NASA, y mi sueño era ser astronauta. Aún recuerdo claramente, nos dirigimos alguna parte en el Maverik familiar. Mi hermana y yo atrás, y mis padres adelante, en donde la conversación acerca de ser astronauta  se desplomó estrepitosamente, cómo las primeras pruebas del Falcon X de SpaceX (a porque sigo siendo un aficionado espacial). Mi padre, en su intento por motivarme aprender las matemáticas, me aterrizó preguntando, “y ¿cómo vas a lograr ser astronauta con las calificaciones tan bajas en mate?”

Houston we have a problem!

Me explicó cómo la aeronáutica es física, y cómo la física es básicamente matemáticas aplicada. No me puedo quejar, subsecuentemente mi padre y madre compensaron tal devastador comentario cumpliento mis multipes caprichos nerds: con libros carísimos del espacio (eran épocas antes del internet), telescopios, y hasta patrocinando un viaje a ver el eclipse  solar del 1994.

Sin embargo,  ya muy asimilado mi rótulo de estudiante flojo, de ser “malo en las matemáticas”, creí firmemente que simplemente era un burro esférico… burro por todos los lados que me vieran. Esto comenzó a cambiar en la secundaria.

Fue con la introducción al álgebra, junto con el descubrimiento de que aprendía mejor siendo autodidacta -gracias a la exploración de mi pasión por la astronomía- que mi imagen de burro se fue quebrantando (aunque no totalmente). Usando la lógica podría deducir los conceptos matemáticos, no los tenía que memorizar, los problemas se convirtieron en acertijos interesantes, las ecuaciones fueron pequeñas letras que te ayudaban a descubrir grandes cosas. Fue así que las matemáticas, junto con la física, se convirtió en una aventura. Subsecuentemente, pertenecí a un grupo de astronomía, con una cultura nerd mexicana, única, retadora, y que me impulsó a creer en mi capacidad para aprender.

Mi interés por las matemáticas y la física me impulsaron hacia las ciencias, y fui de tener una autoestima microscópica a una inflada. Tome cursos avanzados en matemáticas, algo que jamás hubiera imaginado en la primaria. Entender cómo se derivó la famosa ecuación de Einstein E=mc fue cómo lograr lo imposible. Llegue mucho más lejos de lo que imagine, sin embargo, no lo suficiente. Los fantasmas del pasado me alcanzaron. 

No lo comprendía en ese tiempo, pero en el fondo, aún albergaba profundas inseguridades, que no logre enfrentar.  Mi círculo de amistades eran personas bastante destacadas en las matematicas y fisica. Mi nivel no era el mejor, algo que notaba a leguas, pero tampoco era el peor, algo que minimizaba totalmente. Emocionalmente me alcanzó compararme, sentir que no era suficiente, y el machismo, el mio y el del contexto científico de la época, no me permitió abrirme,  ni admitir que necesitaba apoyo emocional. Entre en depresion por no ser el más destacado en notas, por no recibir el más alto reconocimiento de nuestros profesores. Ahora está competitividad juvenil me parece absurda, pero en ese tiempo era todo. Deje las ciencias. Sospecho que de haber persistido, hubiera encontrado un buen nicho en las ciencias. Sin embargo mi crisis, se convirtió en el objeto de mi curiosidad. 

Fue este camino el que me llevó a la psicología y la educación, y el que me lleva ahora a compartir estas experiencias, reconociendo que al compartir estas historias de dolor, puedo contribuir al cambio educativo y social, para que no continúen repitiendose. 

Fue después de varios años de estudiar psicología, educación, pedagogía crítica, psicología crítica, terapia sistémica, y terapia social, además de vivir procesos terapéuticos, que comprendo esta historia de amor y odio. 

Las matemáticas es un conocimiento milenario, cientos de años la conforman contribuciones de diferentes regiones del mundo, y aun ahora se sigue desarrollando con los aportes de gente de alrededor del mundo. Sin embargo, los sistemas educativos, en el mejor de los casos limitan significativamente, y en el peor la convierten en un tema estéril, tedioso y aburrido. En mi historia personal, el confundir las matemáticas con la memorización mecánica de algoritmos sin sentido, llevaron al límite mis capacidades de memoria operativa. Para muchos disléxicos, la memoria operativa, este sistema que nos permite mantener información a corto plazo para modificarla, manipularla y vincularla con lo que ya sabemos, causa estragos tanto en matemáticas como en nuestra capacidad lectora, y no se diga en la capacidad lectora de problemas escritos. Aun sigo limitado en el cálculo mental, y sin embargo, pague parte de mi universidad siendo tutor de matemáticas, tomé cursos avanzados en matemáticas y física con un buen desempeño, y he dado cursos universitarios en estadística. En la primaria, fuera quedó ese mundo de aventura, de reto, de emoción al desvelar los misterios que ofrece este edificio majestuoso que llamamos matemáticas. 

Sin embargo la vida puede dar un gran giro, si, de 380 grados. Tomo estas experiencias, y quiero asumir el reto, que es grande, de crear vivencias más emocionantes y ricas alrededor de las matemáticas en mi centro de terapia, donde comenzaré a dedicarme a brindar apoyo a quienes se les dificulta, con la esperanza de ofrecerles una manera de pensar -el pensamiento matemático- que les habrá el mundo en lugar de cerrarles en entusiasmo por aprender.

Imagen de portada de Lucas Pezeta obtenida del portal Pexels

15 May

Carta a un joven o una joven con dislexia (segunda carta)

¿Cómo se siente la dislexia? En esta carta te comparto sobre el impacto emocional de vivir con dislexia, de como internalizamos la autocrítica, y de la importancia de saber negociar con nuestro troll interno para dar lo mejor de nosotros.

De lo que investigues sobre la dislexia, mucho te va dar la impresión de que algo está mal en tu cabeza. Es lo que aprendí en mi formación como psicólogo. Hoy en día el nivel de sofisticación de esta forma de entender la dislexia es alto. Se cuenta con sorprendentes imágenes funcionales del cerebro mientras se lee, se cuenta con ingeniosas maneras de manipular variables cognitivas para detectar deficiencias al procesar información lectora. Sin duda toda esta información te ayudará a comprender mejor el por qué eres diferente a otros desde bases cognitivas básicas y en términos generales las bases biológicas de tu condición, y encontrarás un mar de información del cual fácilmente se puede uno sentir saturado. Aun así quizá no encuentres nada que te ayude. El énfasis por curar, o por regresarnos a ser “normales” aun es muy fuerte en la investigación. Lo que no se explora con tanta profundidad es el impacto personal de la dislexia, el cómo se siente la dislexia. Leer más

07 May

Carta a un joven o una joven con dislexia (primera carta)

Vivir con dislexia genera muchas incógnitas personales sobre nuestra capacidad, sobre nuestro potencial. Como terapeuta que vive con dislexia estoy muy conciente de estos retos, y con esta carta busco guiar a jóvenes que recién entienden su condición y buscan superarse.

Quizá acabas de aprender que tienes dislexia, o ya los sabías, ya te hicieron los estudios en tu niñez, y es ahora que comienzas a comprender cómo el diagnóstico da luz a tus frustraciones más profundas respecto al aprendizaje. Te escribo esta carta un poco queriendo regresar en el tiempo a un versión mía más joven, para compartir algunos insghts que me ahorrarían mucha confusión, dolor, y oportunida pérdidas. No existen máquinas de tiempo, pero si el compartir experiencias.

Se que el aprender con otros te ha enfrentado. Tal vez ahora eres lo suficientemente hábil para esconder tus retos al escribir quizá en aprender, que muchos no sospechan que tienes dificultad. Quizá ya escuchaste tanto en el pasado sobre cómo tu flojera es lo que no te pe

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19 Mar

Maestros aprenden una visión diferente sobre la dislexia

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En México en estos momentos las y los maestros en la educación pública no son muy respetados. Se culpa a la figura del maestro por los problemas educativos de nuestro país. Para ser sincero, si existen muchos retos, y el culpar a los docentes por errores de un sistema educativo descompuesto no ayuda a solucionar nada. Tengo el gran privilegio de trabajar con maestras y maestros de nuestro sistema educativo, y aunque he conocido algunos que merecen las críticas que hacen los padres y políticos sobre la mala educación que ofrecen, he conocido a muchos más que realizan un trabajo extraordinario. Dichos maestros van más allá de sus responsabilidades oficiales. Trabajan tiempo extra, apoyan a sus alumnos y los padres, buscan realizar acciones para mejorar su salón y su escuela aun sin recibir el apoyo que necesitan. Este es el caso de la maestra Lourdes Fuentes, directora de la escuela Primaria México 68, una educadora con verdadera vocación. Leer más

07 Mar

La dislexia no es solamente déficit ¿Cuales son las ventajas?

En el libro titulado The Dyslexic Advantage: Unlocking the Hidden Potential of the Dyslexic de los investigadores Brain de Brock L. Eide y Fernette F. Eide evalúa el otro lado de la moneda de la dislexia. Mucho se ha investigado sobre los déficits disléxicos relacionados con la fluidez lectora, la comprensión, las dificultades al organizar la escritura, así como causas neurológicas y cognitivas. En las investigaciones se identifican también ventajas, pero son pocos los libros o los documentos en donde se examina sistemáticamente habilidades, y se ofrecen teorías para explicar tanto las competencias fuertes y débiles.
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06 Mar

Mi próxima platica

Mi meta dar una contribución por semana en le blog. No lo he podido lograr.  Ya he compartido en otros post del reto que es para mi escribir, no solo por con la ortografia, la gramatica, y lo demas caracterisitico de alguien con dislexia, sino emocionalmente me resulta dificil, es muy raro que este satisfecho con lo que escribo. Así comienzo me resulta dificil decir algo. No solo aqui, en tantas situaciones puedo quedarme callado al no tener claro que quiero decir, y sobretodo como lo quiero decir. En fin. Espero pronto superar esta fase en mi blog por lo menos.  Leer más

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