26 Mar

La Disenseñanza

Lo que limita a los alumnos con dislexia muchas veces no es su condición (o discapacidad primaria), sino cómo el entorno responde a estas diferencias en aprendizaje (discapacidad secundaria). Los estudiantes no solamente viven una condición (dislexia) que los pone en desventaja con respecto a otros alumnos, sino que dicha desventaja es magnificada por un entorno que enseña y evalúa sin ser sensible a diferencias en el aprendizaje. Para esto último tendremos que reconceptualizar a la dislexia que se ve como un problema individual (como si se tratara de una biología defectuosa) a uno institucional. Esta reconceptualización en un articulo noticioso reciente en EEUU (Rethinking How Students With Dyslexia Are Taught To Read) lo llamaron Disenseñanza, y creo que tienen mucha razón.

Hace unos días actualicé la sección de servicios en mi página (ver Testimonios). Agregue las estadísticas del número de pláticas que he ofrecido a escuelas, casi alcanzando los cien docentes de primaria, secundaria y preparatoria. Estoy muy orgulloso de este trabajo. En su gran mayoría he encontrado a maestras y maestros muy abiertos aprender, tomando conciencia respecto aciertos y errores al recordar cómo se relacionaron con alumnos con señales de dislexia (aunque hay que decirlo, hubo maestros que francamente no tenían el mínimo interés sobre el tema, pocos, pero los hubo). ¿Quiénes son los responsables de la disenseñanza?

Lo más fácil sería culpara a los maestros y maestras, sin embargo, seguido estos tienen que seguir mandatos que seguido son contradictorios. Por ejemplo, se les exige ser incluyentes, pero no se dedican los recursos necesarios para dotar a las escuelas con las herramientas para la inclusión (tanto materiales como humanas); por si fuera poco, también se les presiona para que sus alumnos destaquen en pruebas estandarizadas, promoviendo la uniformidad tanto de aprendizaje como en las opciones en la evaluación. Sobre las incongruencias de nuestro sistema educativos se pueden (y se han) escrito volúmenes.

Por lo menos en México, y estoy seguro que también en muchos otros países, la disenseñanza ocurre en el sistema educativo. En nuestro sistema educativo no se reconoce y ni se premia a las y los maestros que realmente se preocupan en crear ambientes inclusivos. Las capacitaciones que reciben responden más a las demandas y exigencias del centro del país o los mandos estatales, que en las necesidades locales. Con esto no digo que no se hacen esfuerzos inclusive en los mandos más altos, pero son inefectivos. De acuerdo con la Ley General de Educación en su artículo 41, la exclusión tendría que ser cosa del pasado, pero como mencionó un comentarista político, en México las leyes no son más que meras sugerencias. Hace poco pude ver la diferencia entre Argentina y México gracias a Corina, una amiga que ha defendido a capa y espada el derecho de educación de su hija, y apoyándose en una ley similar ha llegado mucho más lejos en su país que en lo que se llegaría en mío. No pretendo decir que todo es perfecto en Argentina, pero ha podido DEMANDAR la inclusión de su hija, cuando en México pareciera que te hacen el favor. No es raro que en nuestras escuelas se efectúen simulacros de inclusión, en donde no se les “excluye” en el sentido de mantenerlos en el plantel, pero sin los “ajustes razonables” y la aplicación de “métodos, técnicas, materiales específicos y las medidas de apoyo necesarias” que demanda el Artículo 41, resultando crear generaciones de alumnos que son entretenidos en el salón y no educados.

Aun a pesar del sistema, en los talleres he conocido a maestras y maestros extraordinarios que logran apoyar a sus alumnos que aprenden diferente a que salgan adelante académicamente, los hacen creer en su capacidad e inteligencia, y no se conforman con excusas que culpan a un sistema (que tiene muchas culpas) o se escudan argumentando la falta de apoyo de los familiares (que en varios casos es real).

Finalmente el articulo Rethinking How Students With Dyslexia Are Taught To Read destaca que inclusive en un país de primer mundo, el sistema educativo, que como institución muchas veces no tiene la necesidad de transformarse, es transformado por los mismos estudiantes y sus familiares que luchan por sus derechos a una educación digna. La ley ya existe en México, está en nosotros lo ciudadanos hacerla efectiva, esto sucederá a la medida que los afectados nos organicemos, demandemos y apoyemos al cambio en el sistema educativo, lo cual incluye aliarnos con maestras y maestros comprometidos con la inclusión.

 

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